Posted on Sunday, 2 May 2010

El Mago Sin Sonrisa

                             

El mago sin sonrisa camina sin rumbo, camina sin dirección apuntada, camina y admira el paisaje, disfruta mucho caminar solo pero extraña la conversación pues no tiene sonrisa. Distraído pensando en todo y en nada, después de tanto caminar se tropieza con una cajita de vidrio en la calle. Nunca había visto algo tan fascinante y a la vez intrigante, no sabe cómo llegó ahí, no sabe porqué tropezó con ella, nosotros tampoco… lo que sabe es que estaba allí y no podía dejar de admirarla.

Dentro había una pequeña sonrisa que brillaba a la misma intensidad de una estrella. No podía dejar de mirarla, quería tocarla pero el vidrio se lo impedía. En su mente morbosa la quería así…  “Es mía, es mi caja y nadie podrá tocarla, ¡Ni siquiera yo!”

Siguió caminando y ahora la cajita era su compañera, le hablaba, le miraba, sonreía por el…  la admiraba porque era suya y de nadie más. De pronto, tan rápido como la consiguió, el mago sin sonrisa se tropezó con algo que brillaba tan fuerte como el sol… “¡Debe ser mío!”, pero era sólo el sol reflejado en una moneda, pensó muy rápido, distrayéndose y dejando caer la cajita con la sonrisa… y entonces el vidrio se rompió, dejando pequeños trozos clavarse en sus dedos, recordándole ese dolor de nuevo, el que lo dejó sin sonrisa. No tenía gracia seguir mirando pues ya el vidrio no existía, no había nada que le impidiese tocar la sonrisa, no tiene gracia, perdió su encanto, se aburrió. El mago sin sonrisa siguió caminando, dejando la sonrisa atrás, esperando esa conversación que nunca llega, pues no todo lo que brilla, es oro.         

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